Ningún hábito autoimpuesto ni automotivación van a lograr que vivas más plenamente, podrás sentirte un poco mejor, puede que tu salud mejore. ¿Pero sabes qué? no hay nada que te vaya a ayudar más que acceder a esa sabidurÃa que ya está en ti y que sabe en todo momento qué necesitas, y eso no se consigue siguiendo normas o autoconvenciéndote de que debes sonreÃrle a la vida asà te estés hundiendo por dentro…, todo eso son conceptos new age que tu mente, desesperada por querer hacerte sentir bien, compra, se lo cree y te convence para que lo hagas. Pero ¿sabes otra cosa? ella no está diseñada para ese trabajo, y se agota teniendo que ocuparse de todas esas cosas, y tu sigues sin acceder al lugar donde sà vas a ver todos esos frutos que anhelas, que se podrÃan resumir en: «sentirte bien». Pero no un «sentirte bien» efÃmero e intermitente sino esa sensación de serenidad de que pase lo que pase, estás listx para transitar.
Esa sabidurÃa se encuentra en el cuerpo, o se accede a través de él. El cuerpo es quien recibe los inputs de la realidad a través de los sentidos. Si estás plenamente presente en el cuerpo, todas esas señales son sentidas conscientemente, por lo que se puede decir que estás viviendo realmente ese momento, estás aquà y ahora. Pero ahora haz una pausa y pregúntate: cuantas veces haces eso durante el dÃa? ¿Cuántas veces estás con todos tus sentidos puestos en lo que haces? Y es que es muy habitual y muy fácil estar en piloto automático todo el dÃa, tratando de hacer lo que se supone que tenemos que hacer, intentando cumplir con todas las obligaciones que la sociedad nos va colocando y que vamos asumiendo sin cuestionarnos. Y asà unx se va desensibilizando, desconectándose de su cuerpo, perdiendo la alegrÃa por el simple hecho de estar vivx.
Sensibilizar de nuevo nuestro cuerpo y nuestra mente, devolverlos a su estado natural para recuperar esa habilidad innata con la que nacemos: la de vivir intensamente la vida.
La práctica del Tandava te devuelve a ese lugar, es una vuelta al cuerpo, un viaje en el que te vas a encontrar con tu verdad más palpable, si te entregas plenamente a la práctica, claro. Transitar lo que es en ese momento, sin tratar de manipular la experiencia, saliendo del condicionamiento mental que te dice lo que está bien o no sentir.
El Tandava procede de la tradición tántrica de cachemira, la cual tiene ya un linaje de más de 5.000. Los tántricos sabÃan que un cuerpo espacioso y abierto y una mente libre de condicionamientos eran la base para una vida plena y un desarrollo de las capacidades espirituales y trascendentes, un cuerpo cerrado no esta abierto a la vida, no es capaz de percibir la realidad tal cual es, sin filtros. Se encuentran referencias a esta danza en diferentes tantra sutras aunque no está descrita detalladamente como tal. Daniel Odier, un occidental que viajó al Himalaya, donde recibió la transmisión de esta vÃa espiritual directamente por una yoguini, Lalita Devi, nos ha traÃdo esta maravillosa práctica a occidente, él cuenta que a veces danzaban por horas durante toda la noche, hasta que llegaba un momento que el cuerpo iba solo, era danzado por la pura consciencia.
Con la práctica continua se libera la respiración desbloqueando el diafragma, volviendo a una respiración mamÃfera y una buena higiene postural. Se suaviza el cuerpo, liberándolo de tensión a través del movimiento fluido, espontáneo y sin esfuerzo. Se sensibilizan el cuerpo y la mente, dejando a esta en su habilidad más directa para reconocer las sensaciones de aquél. Practicando con pasión e integrándola en tu vida, las inercias de la mente a no estar aquà y ahora, se van diluyendo, perdiendo el miedo a sentir y encontrando el placer en ello.
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