Pratiabhidjnahridayam La esencia del reconocimiento del ser. Ksemaraja
SPANDAKARIKA El canto tántrico del estremecimiento. Kallata. Traducción Daniel Odier
SPANDAKARIKA El canto tántrico del estremecimiento. Kallata.
Vijñana Bhairava Tantra Conversación entre Shiva y Shakti donde Shiva le da a Shakti 112 prácticas con las que llegar al despertar
A translation of the Vijñāna-bhairava-tantra by Christopher Wallis aka Hareesh Traducción literal del sánskrito al Inglés
Lalleshvari, o Lalla, (1320-1392) genio de la poesía mística del siglo catorce, pertenece a la tradición del Shivaismo tántrico de Cachemira. Considerada por sus coetáneos como un Siddha, un maestro realizado, su reputación sobrepasó ampliamente los círculos tántricos. Su contemporáneo, el poeta sufí Cheikh Nuruddin Vali, la consideró como un avatar, una encarnación divina, y los Sikhs, los budistas y los musulmanes, cantan aún hoy en día sus poemas ardientes.
Esta extraña mujer de Cachemira vivió en el siglo XIV.
Se la conoce por varios nombres, como Lal Ded (abuelita Lal), Lalleswari, Lal Diddi, Lalla-Vakyana, Lalla Yogiswari (su nombre en sánscrito), Lalla.
Tantos nombres porque su fama como poetisa mística ha recorrido tanto los siglos como la geografía de la India.
Sus cantos y dichos, compuestos en el antiguo dialecto Kashmiri, fueron traducidos tanto al sánscrito como al hindi y recitados de boca en boca por hindúes y musulmanes.
Se sabe de ella que fue casada a los 12 años con un hombre que la maltrataba, al igual que su suegra (una historia vastamente repetida en la tradición hindú, que tiene también funestas consecuencias en nuestros días), y que a los 24 años se largó de la casa para convertirse en discípula del culto del dios Shiva, que habla de la unidad entre Dios y el mundo fenoménico. Su escuela es conocida como la dhakti (poesía de devoción). Luego de concluir su formación, Lalla se largó a recorrer campos y caminos, desnuda, cantando y bailando su apasionada experiencia mística, lo cual le trajo aparejadas, claro, no pocas complicaciones.
Se cuenta esta historia acerca de Lalla: Una mañana ella vagaba cantando por la campiña y un grupo de chicos empezó a hacerle burla. Un vendedor de telas salió en su defensa. Ella le compró de inmediato dos bultos de tela del mismo peso y siguió su camino. Mientras andaba, se puso uno de los bultos en un hombro y el otro en el restante. Cada vez que alguien se burlaba o la insultaba, hacía un nudo en las telas de su hombro derecho y cada vez que alguien la elogiaba, hacía un nudo en las telas del hombro izquierdo.
Al final del día, buscó al mercader y le pidió que volviese a pesar ambos bultos. Le agradeció su más temprana intervención, pero también le señaló que como él podía ver por sí mismo, nada había cambiado: tanto los halagos como los insultos recibidos eran del mismo peso, y ella los aceptaba a los dos con la misma equanimidad.